Saramago, viaje a Portugal

Éste es el primer viajero que en medio del camino para el automóvil, tiene el motor ya en Portugal, pero no el depósito de gasolina, que aún está en España, y él mismo se asoma al parapeto en aquel centímetro exacto por donde pasa la invisible línea de la frontera. Entonces, sobre las aguas oscuras y profundas, entre los altos escarpes que van doblando los ecos, se oye la voz del viajero, predicando a los peces del río: “Venid acá, peces, vosotros, los de la orilla derecha que estáis en el río Douro, y vosotros, los de la orilla izquierda que estáis en el río Duero. Venid acá todos y decidme en qué lengua habláis cuando ahí abajo cruzáis las acuáticas aduanas, y si también ahí tenéis pasaportes para entrar y salir. Aquí estoy yo, mirándoos desde lo alto de esta presa, y vosotros mirándome a mí, peces que vivís en esas confundidas aguas, que tan pronto estáis en una orilla como en la otra, en gran hermandad de peces que sólo se comen entre sí por necesidad del hambre y no por enfados de patria. Me dais vosotros, peces, una clara lección; ojalá no la olvide yo al segundo paso de este viaje mío a Portugal. Conviene, pues, saber que de tierra en tierrra lo que fuere distinto, aunque salvando, como humano es y entre vosotros igualmente se practica, las preferencias y las simpatías de este viajero, que no está ligado a obligaciones del amor universal, ni eso se le pidió. De vosotros me despido, en fin, peces, hasta otro día, e id a vuestra vida mientras por aquí no vengan pescadores. Nadad felices y deseadme buen viaje. Adiós, adiós”.

Extracto del primer capítulo de Viajes de Portugal

Este es el país del regreso. El viaje ha llegado a su fin. No es verdad. El viaje no acaba nunca. Son los viajeros los que llegan al fin. E incluso ellos pueden prolongarse en memoria, recuerdo, narración. Cuando un viajero se siente en la arena de la playa y diga: “No hay nada más que ver”, díganle que no es así. El fin de un viaje es sólo el inicio de otro. Es preciso ver lo que no ha sido visto; ver otra vez lo que ya se vio; ver en la primavera lo que se vio en verano; ver de día lo que se vio de noche; con sol, donde lluvia había; ver la sembradura verde, el fruto maduro, la piedra que ha cambiado de lugar, la sombra que aquí no estaba. Es preciso volver a los pasos que fueron dados, para repetirlos y para trazar caminos nuevos junto a ellos. Es preciso volver a iniciar el viaje. Siempre. El viajero vuelve pronto.

Extracto del último capítulo de Viajes de Portugal

 

Deja un comentario