Ciudades Invisibles, las ciudades y el deseo

 

Zobeida. Karina Puente Frantzen

Hacia allí, después de seis días y seis noches, el hombre llega a Zobeida, ciudad blanca, bien expuesta a la luna, con calles que giran sobre sí mismas como un ovillo.

Esto se cuenta de su fundación: hombres de naciones diversas tuvieron un sueño igual, vieron una mujer que corría de noche por una ciudad desconocida, la vieron de espaldas, con el pelo largo, y estaba desnuda. Soñaron que la seguían. A fuerza de vueltas todos la perdieron. Tras el sueño, se pusieron a buscar esa ciudad; la ciudad, nunca la encontraron, pero se encontraron unos a otros; decidieron construir una ciudad como la del sueño. Para trazar las calles, cada uno siguió el curso de la persecución; en el punto en que habían perdido la pista de la fugitiva, dispusieron espacios y muros diferentes a los del sueño, para que ella no pudiera escapar de nuevo.

Esta fue la ciudad de Zobeida donde se establecieron esperando que una noche se repitiese aquella escena. Ninguno de ellos, ni en el sueño ni en la vigilia, vio nunca más a la mujer. Las calles de la ciudad eran aquellas por las que iban al trabajo todos los días, sin ninguna relación ya con la persecución soñada. Que por lo demás estaba olvidada hacía tiempo.

Nuevos hombres llegaron de otros países, que habían tenido un sueño como el de ellos, y en la ciudad de Zobeida reconocían algo de las calles del sueño, y cambiaban de lugar galerías y escaleras para que se parecieran más al camino de la mujer perseguida y para que en el punto donde había desaparecido no le quedara modo de escapar.
Los que habían llegado primero no entendían qué era lo que atraía a esa gente a Zobeida, a esa fea ciudad, a esa trampa.

Este fragmento del libro de Ciudades Invisibles de Italo Calvino se me ha presentado en diferentes escenarios en un corto periodo de tiempo, así que tenía que publicarlo, porque probablemente sea una de las ciudades con más carga simbólica del libro de Calvino, y la única que habla del papel de la mujer en la sociedad. Del peso de la belleza como algo femenino, como una absoluta verdad que es buscada por artistas, poetas, escritores, esa idea de la musa, la mujer como medio para que los hombres alcancen esa idea utópica de belleza… Dejo aquí el tema, sin meterme en compromisos, que cada cual extraiga sus conclusiones. Entre tanto, me quedo con estas ilustraciones de Zobeida, esa ciudad enrevesada, esa ciudad que no lleva a ninguna parte, esa trampa.

Deja un comentario