El ego del arquitecto

¿Nunca has pensado cuán de peligroso es un arquitecto? O mejor dicho cuán de peligroso puede llegar a ser el ego de un arquitecto, tal vez esté a exagerar, pero cuanto menos, muchas obras dañan la sensibilidad de quien las contempla.

Y uno se pone a pensar sobre las grandes ciudades y se da cuenta que suele suceder, al menos en Europa, que todas tienen su arquitectura histórica y anónima y tienen su edificio actual que o es un Calatrava, o un Foster… alguien con nombre. Son los dos puntos de referencia en las urbes de hoy en día, de una arquitectura anónima a una arquitectura con firma.

Personalmente, la mayor parte de las veces me quedo con esa arquitectura anónima, no es objeto de dudas que el Partenón de Atenas, el Panteón de Agrippa, la Catedral de Santiago o las Pirámides de Keops… (que por su ingenio constructivo y monumentalidad hay quien piensa que fue proyecto de los extraterrestre) son obras magnificas capaces de superar el ingenio de  cualquier obra actual y de las que no conocemos su arquitecto. De ahí que me parezca interesante el tema de conocer como surge la figura del arquitecto.

Si nos remontamos al pasado, la arquitectura de cualquier aldea surgía de forma espontánea, construida por los propios vecinos y caracterizandose por seguir un patrón constructivo racional, funcional y bello, lo que no quitaba que las casas fueran iguales pero diferentes. Muestra de ello es que admiremos los cascos antiguos de las ciudades, las aldeas de casas blancas del mediterráneo (que se conservan) o las de  pequeñas aldeas olvidadas de piedra… Son arquitecturas que no tienen nada que ver con el capricho formal de las modas y los artistas, no hay ego.

Las catedrales construidas por los gremios eran parte de esa arquitectura intemporal y fue así hasta que en el Renacimiento, en Florencia se planteó la construcción ambiciosa de una cúpula mayor de lo normal y que nadie se atrevía a construir, hasta que Brunelleschi, un maestro de obra muy inteligente, se le ocurrió una solución ingeniosa que le encumbró sobre los demás maestros. Los gremios cuestionaron la idea de Brunelleschi, lo que hizo que este los tirara de la obra y contratara gente sin especializar. Y así Brunelleschi levantó su espectacular cúpula sorprendiendo a todo el mundo, nació el arquitecto, o al menos el arquitecto “con nombre”, “el artista”.  La Iglesia vio en esa obra una forma magnifica de publicidad para atraer fieles y comenzaron a contratar arquitectos-artistas para intervenir en Roma, en el Vaticano.

Después de la Iglesia, fueron los monarcas quienes copiaron esta formula contratando a los grandes artistas de la arquitectura, la escultura y la pintura. Y la historia continua, y a día de hoy son los políticos quienes utilizan la arquitectura como una herramienta propagandística, plantando en las ciudades donde gobiernan hitos arquitectónicos y haciendo que compitan entre ellas por ver quien cuenta con más “artistas”, manifiesto de ello es la Ciudad de las Artes y las Ciencias, el Guggenheim de Bilbao, la torre Agbar y tantas obras, pues a día de hoy no hay ciudad que se precie que no cuente con un Foster, una Zaha Hahid, un Calatrava o un Gehry.

Si bien hay que marcar una diferencia entre Brunelleschi y su ingenio a la hora de resolver un problema constructivo, y Gehry o Zaha Hadid que parece que más que funcionalidad buscan espectacularidad.

Y claramente esto se ha traspasado a las poblaciones más pequeñas donde si el presupuesto no llega para pagar a un arquitecto de renombre internacional, se contrata a alguno que pretenda hacer una obra que destaque por ser una abuso de la arquitectura, una obra extravagante que poco tiene que ver con el entorno y que dista mucho del “buen gusto” (aunque esta palabra sea controvertida y difícil de definir) . Prueba de ello es la proliferación de centros culturales, deportivos, museos sin programa… (que es la grande baza de los políticos actuales) que buscan ser el nuevo hito del siglo XXI. Y para acabar, mencionar las rotondas, eso si es ingenio arquitectónico y escultura, esas rotondas de entrada a las pequeñas aldeas son sin lugar a dudas un tema aparte para estudiar.

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