El promotor y el arquitecto

Mi primer cliente es un tipo peculiar, una persona de ideas claras, obstinado, sincero  y que tiene una gran ilusión por construirse una casa en un solar familiar.

Un día mi cuñado, que ejerce de decorador, me dijo: tengo un cliente que necesita un arquitecto, ya ha pasado por varios despachos y nada le convence, así que le he dado tu contacto. Este panorama no era muy alentador pero con la ingenuidad y la ilusión de mi primer posible cliente le llamé, telefónicamente me relató todas sus ideas: que si quería cocinar frente a un ventanal con vistas a la iglesia, que quería un paellero en un pequeño patio… Tenía el proyecto muy pensado, tanto, que al poco apareció en mi correo electrónico, parecía que ya estaba hecho, lo que eran sus ideas se habían plasmado con unas medidas y una posición exactas: la distribución era caótica, con pequeños retranqueos por todas partes, nada alineaba, escaleras de escalones partidos… Y yo que soy un tanto cuadriculada a la hora de proyectar no sabía por donde coger los planos, así que acabé quedándome con la percepción de que lo que me mostraban eran intenciones, que todo estaba por decidir.

A los pocos días fuimos a la parcela, localizada en un pueblo del interior de Valencia, después de una carretera estrecha y sinuosa que no dejaba de subir llegamos al lugar.  El solar del proyecto es pequeño, de unos ochenta metros cuadrados y esquina de manzana, los vecinos son poco agraciados, bloques de grandes medianeras y pequeños almacenes de bloque de hormigón, sólo desde un primer piso podremos encontrar vistas a las montañas. Y allí estaban ellos, un matrimonio de aspecto amigable y un señor mayor sentado en una silla en medio de la parcela. El señor mayor resultó ser el padre del posible promotor, un antiguo constructor que había hecho gran parte de las casas de la zona. En el solar, herencia familiar, se había marcado con ladrillos lo que sería la distribución de la casa que ellos habían diseñado. Esta escena me pareció entrañable a la par de asustadora, me resultaba agradable las ganas que tenían y el componente sentimental de la casa pero me horrorizaba el hecho de que insistieran en levantar esas paredes tal y como estaban dispuestas.

Me olvidé de los ladrillos en el suelo y me quedé con sus palabras e intenciones, con la idea de lo que querían que fuese un hogar y comencé a experimentar, me gusta esos primeros momentos cuando tu hoja se llena con decenas de opciones, fui dibujando  y descartando quedándome con un par de propuestas que le envié. Al poco tiempo recibo una llamada alertándome que no estaba su distribución, que no estaban sus ladrillos en el suelo… yo le intenté explicar que lo que él había dibujado no funcionaba bien y había intentado mejorar algunos aspectos, se lo intenté hacer entender con dibujos y números, con más propuestas, pero no hubo manera, ciertos “ladrillos en el suelo” eran fijos.

La relación entre el promotor y el arquitecto es un tira y afloja, uno y otro luchan por sus ideas. Me gustaría que la relación fuera más parecida a la del médico y paciente que bien explica el reputado arquitecto Alberto Campo Baeza en este texto:

¿Está usted pensando en hacerse una casa? ¿Querría que su casa fuera buena, bonita y barata? Llame a un arquitecto, a un buen arquitecto.

Hay alguna gente, insensata, que si pudiera, haría su casa sin arquitecto. Consideran al arquitecto como un mal menor. Son los mismos que se automedican con tal de no ir al médico. Son, pocos, profundamente ignorantes. Se gastan un dineral en farmacia para nada. Y, o se mueren, o finalmente van al médico.

Un arquitecto es un servidor de la sociedad. Un arquitecto es alguien que busca la belleza a través de la arquitectura, y que a la vez resuelve problemas a la sociedad y que trata de hacer felices a las gentes para las que trabaja.

Yo podría hacerles ahora una defensa de cómo es bueno contratar a un arquitecto, a un buen arquitecto, para que todo les salga bien .Pero he pensado que lo más sencillo será contárselo en primera persona, a través de mi propia experiencia profesional.

Si les digo que la casa más hermosa que he hecho, la mejor, ha sido la casa más buena y más bonita y más barata que he construido, ustedes dirán que exagero. Pues no.

Me llama un día una buena amiga mía, guapísima, y me dice que si puedo hacerle una casa para ella y su propio, pero que sólo tienen tres millones de pesetas (20.000 euros) y un terreno pequeño. Me pedía una casa con privacidad absoluta en un pequeño pinar, rodeada de casas de familiares, en la provincia de Cádiz.

Yo sólo le pedí libertad absoluta. Porque sigo pensando que un arquitecto es un poco como un médico. Debe escuchar atentamente al paciente y hacerle todos los análisis necesarios pero, el diagnóstico lo hace el médico, y el enfermo debe obedecer. Yo al menos es lo que hago como paciente: obedezco ciegamente al médico, y siempre me ha ido muy bien.

 

En este, mi primer caso, no he salido victoriosa, he tenido que renunciar a ciertas imposiciones, pero me quedo con el hecho de haber ganado alguna de las pequeñas batallas, y sobre todo, haber pulido el proyecto de modo que todo encaje y tenga una lógica constructiva: la escalera puede que no esté en el lugar más apropiado perdiendo mucha área en circulación para una casa tan pequeña, pero las fachadas están en armonía simétrica, hay más baños de lo razonable pero al menos, todo alinea, todo cuadra… y lo más importante es que las ideas del cliente están plasmadas en el plano, esas visuales y ese paellero ahí están. Con el proyecto visado y la licencia de obras concedida he recibido sus elogios, lo que claramente me ha hecho olvidar que ha sido un arduo proceso, le veo muy satisfecho con el proyecto, así que yo también lo estoy, veremos como avanza esta relación.

Hoy, un día gris y frío de Agosto se ha iniciado la construcción con el correspondiente replanteo de la cimentación y con ello empezarán más batallas, pues allí estaba él dispuesto a no perderse nada, a controlar cada movimiento de la obra…

Por último y en una valoración personal creo que ni los clientes tienen de pecar de prepotentes ni los arquitectos de vanidosos, siempre se ha dicho que en el término medio está la virtud, y ni los clientes estudiaron arquitectura ni los arquitectos son los usuarios. Espero con esta máxima y paciencia enfrentarme a los posibles futuros clientes quienes por ahora vienen todos con planos de distribuciones y algún intrépido hasta con alzados. Me gusta que intenten plasmar sus ideas en el papel pues denota interés e ilusión que te contagian, siempre y cuando no sean imposiciones y se dejen aconsejar.

 

2 pensamientos en “El promotor y el arquitecto

  1. Qué buena entrada Vegs!!! Mi más sincera enhorabuena por el texto pero, más sincera aún, la concesión de proyecto y de la obra! Ya me irás contando! =) Un beso muy fuerte!!!

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